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Soy mujer y soy humana: Una crítica marxista-feminista de la teoría de la interseccionalidad

de Eve Mitchell; traducido por CM de We’re Hir We’re Queer

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Introducción.

En los Estados Unidos, al final del siglo XX y principios del XXI, domina un conjunto específico de políticas entre la izquierda. Hoy en día, podrías entrar a cualquier universidad, a cualquiera de los numerosos blogs progresistas-izquierdistas o a cualquiera web de noticias y los conceptos de “la identidad” y “la interseccionalidad” encontrarás como la teoría hegemónica. Pero, como toda teoría, ésta corresponde a la actividad de la clase obrera contestando a la composición del capital actual. La teoría no es ninguna nube flotando sobre la clase, lloviendo reflexiones e ideas, sino, como escribe Raya Dunayevskaya, “las acciones del proletariado crean la posibilidad para que el intelectual resuelva la teoría.” (Marxismo y libertad, 114)[1]. Por lo tanto, para entender las teorías dominantes de nuestra época, hay que entender el movimiento verdadero de la clase. En este texto, voy a repasar la historia de las políticas de la identidad y la teoría de la interseccionalidad con el fin de construir una crítica de la teoría de la interseccionalidad y ofrecer una concepción marxista positiva del feminismo.

El contexto de “la identidad” y “la teoría de la interseccionalidad.”

Para entender “la identidad” y “la teoría de la interseccionalidad”, hay que entender la circulación del capital (es decir, la totalidad de las relaciones sociales de la producción en el modo actual de producción) que precedió el desarrollo de tales conceptos en los años 1960 y 1970 en los EEUU. Más específico aún, ya que “la teoría de la interseccionalidad” se desarrollaba principalmente como reacción al feminismo de la segunda ola, hay que estudiar cómo se desarrollaban las relaciones de género bajo el capitalismo.

En el movimiento del feudalismo al capitalismo, la división del trabajo por género, y luego las relaciones de género dentro de la clase, empezó a tomar una nueva forma que correspondía a las necesidades del capital. Algunas de las nuevas relaciones incluyen las siguientes:

(1) El desarrollo del salario. El salario es la forma capitalista de la coerción. Tal como lo explica Maria Mies en el libro, El patriarcado y la acumulación a escala mundial, el salario reemplazaba a la servidumbre y a la esclavitud como el método de forzar el trabajo alienado (quiere decir, el trabajo que realiza un trabajador para otra persona). Bajo el capitalismo, los que producen (los trabajadores) no poseen los medios de producción, así que tienen que trabajar por los que sí poseen los medios de producción (los capitalistas). Así pues, los obreros tienen que vender al capitalista lo único que poseen, la capacidad de trabajar, o la fuerza de trabajo. Este es un elemento clave porque los obreros no son remunerados por el trabajo vivo sensitivo – el acto de producir – sino por la capacidad de trabajar. La ruptura entre el trabajo y la fuerza de trabajo causa una falsa impresión de un intercambio equitativo de valor – al parecer, el trabajador cobra por la cantidad que uno produce, pero más bien el trabajador cobra únicamente por la capacidad de trabajar por un período determinado.

Además, la jornada laboral se divide en dos: el tiempo de trabajo necesario y el tiempo de trabajo excedente. El tiempo de trabajo necesario es el tiempo (como promedio) para que un trabajador produzca suficiente valor para comprar todo lo necesario para reproducirse (todas las cosas, desde la comida hasta un iPhone). El tiempo de trabajo excedente es el tiempo que uno trabaja más allá de lo necesario. Ya que la tasa vigente de la fuerza de trabajo (nuevamente, la capacidad de trabajar – no el trabajo vivo en sí) es el valor de todo lo que un trabajador necesita para reproducirse, el valor que genera el trabajo excedente va directamente hacia los bolsillos del capitalista. Digamos que yo trabajo en una empresa de los Furby. Cobro $10 por día por 10 horas del trabajo, produzco 10 Furby diariamente, y cada Furby se vende por $10. El capitalista me paga por la capacidad de trabajar una hora diaria para producir suficiente valor para reproducirme (1 Furby = 1 hora de trabajo = $10). Así, el tiempo de trabajo necesario es una hora y el tiempo del trabajo excedente son 9 horas (10-1). El sueldo esconde la verdad. Recuerde que, dentro del capitalismo, parece que cobramos por el valor equitativo de lo que producimos. Sin embargo, cobramos solamente por el tiempo de trabajo necesario, o la cantidad mínima necesaria para reproducirnos. Bajo el feudalismo, fue distinto y fue muy claro cuánto tiempo trabajaba cada uno por sí mismo y cuánto tiempo trabajaba por otro. Por ejemplo, si la sierva labraba la tierra cinco horas por semana para producir la comida para el señor feudal, luego el tiempo restante le pertenecía a ella. El surgimiento del salario es clave porque fue el mismo salario que impuso la división del trabajo por género.

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I Am a Woman and a Human: A Marxist-Feminist Critique of Intersectionality Theory

en español aquí

In the United States, during the late 20th and early 21st centuries, a specific set of politics among the left reigns king.  Today, you could go into any university, on any number of liberal-to-left blogs or news websites, and the words “identity” and “intersectionality” will jump out you as the hegemonic theory.  But, like all theories, this corresponds to the activity of the working class in response to the current composition of capital.  Theory is not some cloud that floats above the class, raining down thoughts and ideas, but, as Raya Dunayevskaya writes,”the actions of the proletariat create the possibility for the intellectual to work out theory” (Marxism and Freedom, 91).  Therefore, in order to understand the dominant theories of our age, we must understand the real movement of the class.  In this piece, I will look at the history of identity politics and intersectionality theory in effort to construct a Marxist critique of intersectionality theory, and a offer positive Marxist conception of feminism.

The Context for “Identity” and “Intersectionality Theory.”

In order to understand “identity” and “intersectionality theory,” we must have an understanding of the movement of capital (meaning the total social relations of production in this current mode of production) that led to their development in the 1960s and 1970s in the US.  More specifically, since “intersectionality theory” primarily developed in response to second wave feminism, we must look at how gender relations under capitalism developed.  In the movement from feudalism to capitalism, the gendered division of labor, and therefore gender relations within the class began to take a new form that corresponded to the needs of capital.  Some of these new relations included the following:

(1) The development of the wage.  The wage is the capitalist form of coercion.  As Maria Mies explains in her book, Patriarchy and Accumulation on a World Scale, the wage replaced serf and slave ownership as the method to coerce alienated labor (meaning labor that the worker does for someone else).  Under capitalism, those who produce (workers) do not own the means of production, so they must go to work for those who own the means of production (capitalists).  Workers must therefore sell the only thing they own, their ability to labor, or their labor power, to the capitalist.  This is key because workers are not paid for their sensuous living labor, the act of producing, but the ability to labor.  The labor-labor power split gives rise to the appearance of an equal exchange of value; it appears as though the worker is paid for the amount of value she produces but in essence she is paid only for her ability to labor for a given period of time.

Furthermore, the working day itself is split into two parts:  necessary labor time and surplus labor time.  Necessary labor time is the time it takes the worker (on average) to produce enough value to buy all the commodities he needs to reproduce himself (everything from his dinner to his iPhone).  Surplus labor time is the time the worker works beyond the necessary labor time.  Since the going rate for labor power (again, our capacity to labor – not our actual living labor) is the value of all the commodities the worker needs to reproduce herself, surplus labor is value that goes straight into the capitalist’s pocket.  For example, let’s say I work in a Furby factory.  I get paid $10 a day to work 10 hours, I produce 10 Furbies a day, and a Furby is worth $10 each.  The capitalist is only paying me for my ability to work 1 hour each day to produce enough value to reproduce myself (1 Furby = 1 hour’s labor = $10).  So my necessary labor time is 1 hour, and the surplus labor time I give to the capitalist is 9 hours (10-1).  The wage obscures this fact.  Recall that under capitalism, it appears as though we are paid the equivalent value of what we produce.  But, in essence, we are paid only for our necessary labor time, or the minimum amount we need to reproduce ourselves.  This was different under feudalism when it was very clear how much time humans spent working for themselves, and how much time they spent working for someone else.  For example, a serf might spend five hours a week tilling the land to produce food for the feudal lord, and the rest of her time was her own.  The development of the wage is key because it enforced a gendered division of labor.

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